El papel de los biólogos en la custodia de los humedales: Más allá de la preservación

Los humedales son mucho más que espacios inundados: son los pulmones azules de la tierra, refugios de biodiversidad y aliados imprescindibles ante el cambio climático.

Con motivo del Día Mundial de los Humedales, hoy 2 de febrero, nos detenemos a reflexionar sobre la gestión de estos ecosistemas tanto vitales como vulnerables. Como bien apunta Gisela Loran, vicepresidenta del Colegio de Biólogos de Catalunya y CEO de Envers Environmental Services , la figura del biólogo es central y vertebradora en la supervivencia de estos espacios.

Pero, ¿qué es lo que hacemos los biólogos exactamente en los humedales?

  1. La visión holística del ecosistema. Entender para proteger

Para conservar una zona húmeda, es necesario entender cómo funciona. Los biólogos estudian las bases físicas del sistema, las plantas, los animales y los microorganismos que viven en ellos, pero también las relaciones invisibles que los conectan entre ellos y con el medio. Analizan cómo circula el agua, cómo varía la calidad ambiental o cómo influyen los cambios estacionales.

Gracias a este conocimiento, pueden detectarse problemas antes de que sean irreversibles: contaminación, alteraciones del régimen natural o pérdida de especies. La ciencia permite poner nombre y datos a lo que a menudo sólo intuimos, y se convierte en una herramienta imprescindible para tomar buenas decisiones.

Los biólogos entendemos el espacio como organismo vivo.

  • Investigación y ciclos de vida : No sólo miramos el agua y su régimen; analizamos los ciclos de nutrientes y cómo la dinámica de poblaciones de especies clave indica la salud de todo el entorno.
  • Diagnóstico de precisión : Un inventario no es sólo una lista de pájaros o plantas; es una herramienta de diagnóstico que nos permite prever cómo responderá el ecosistema ante el cambio climático o la presión humana.
  • Proponemos soluciones : en base al conocimiento y la previsión de los factores que tienen incidencia sobre el espacio, con el objetivo de conservar los servicios ecosistémicos en un entorno que cambia y evoluciona.
  1. Gestionar sobre el terreno las zonas húmedas

A diferencia de las visiones puramente teóricas, la biología aplicada a los humedales implica una gestión directa y continuada . El biólogo es quien define la “hoja de ruta” del espacio natural:

  • Planificación de la conservación: Diseñamos los planes de gestión que permiten anticipar problemas, reducir impactos humanos y asegurar que el espacio mantenga sus funciones ecológicas a largo plazo. Los planes determinan cómo cuidar la zona húmeda: qué espacios hay que proteger para que la fauna pueda vivir tranquila, cómo regular los niveles y la calidad del agua, cómo controlar especies invasoras y contaminación u ordenar el uso público.
  • Custodia activa: Supervisamos el mantenimiento diario, asegurando que cualquier intervención humana (como el turismo o el pasto controlado) sea compatible con la resiliencia del medio. A través del seguimiento continuo y la adaptación a efectos del cambio climático, estos planes permiten tomar decisiones informadas para que las zonas húmedas se mantengan vivas, funcionales y útiles para la naturaleza y para las personas.
  • Humedales y cambio climático . En un contexto de cambio climático, los humedales son aliados imprescindibles. Almacenan carbono, regulan temperaturas y actúan como barreras naturales frente a fenómenos extremos. Pero también son vulnerables al aumento del nivel del mar, la falta de agua o los cambios en las precipitaciones.

Los biólogos estudian cómo adaptar estos ecosistemas a un futuro incierto, identifican las especies más sensibles y las áreas a proteger con mayor urgencia. Anticiparse a los cambios es clave para garantizar la supervivencia de los humedales.

Una buena gestión no sólo protege la biodiversidad, sino que reduce el riesgo de inundaciones, mejora la calidad del agua y hace el territorio más seguro y habitable.

  1. Restauración Ambiental de los humedales: Recuperar lo perdido.

La restauración de humedales es, quizás, el reto más complejo. No se trata sólo de “limpiar” o “plantar”. Requiere un conocimiento profundo de la sucesión ecológica, es decir, el proceso natural con el que un ecosistema se recupera y evoluciona con el tiempo.

  • Diseño de ecosistemas : Recuperar la funcionalidad ecológica que se ha perdido, asegurando que las interacciones entre especies vuelvan a fluir. Los Biólogos diseñan y evalúan proyectos que buscan recuperar la dinámica natural del agua y facilitar el retorno de la biodiversidad. Cuando una zona húmeda se recupera, los beneficios son rápidos y visibles: vuelven las aves, mejora la calidad del agua y el territorio resulta más resiliente ante sequías o inundaciones. Restaurar no es sólo una apuesta por la naturaleza, sino también por la seguridad y el bienestar de las personas.
  • Control de especies invasoras : Una tarea en la que el conocimiento biológico sobre etología y reproducción es el único arma efectiva para proteger la biodiversidad autóctona.
  1. Educación y formación: El vínculo con la sociedad.

Una zona húmeda no puede conservarse si la sociedad le da la espalda. Por eso, la educación ambiental es una función intrínseca de nuestro colectivo:

  • Divulgación científica : Traducimos la complejidad del humedal en conceptos comprensibles para el público general, escuelas y visitantes, creando conciencia sobre los servicios ecosistémicos (como la mejora de la calidad del agua o la protección contra inundaciones).
  • Formación de especialistas : Somos responsables de formar a los futuros gestores, guías de naturaleza y técnicos de la administración, garantizando que el conocimiento científico se transmita con rigor.
  1. Gobernanza e incidencia política

La labor del biólogo también se desarrolla en los despachos y foros internacionales. Como menciona Loran, la participación en el Convenio de Ramsar o el Convenio de Biodiversidad de la ONU es clave.

  • Traducimos los datos científicos en estrategias de protección legal .
  • Asesoramos en la creación de políticas públicas que garanticen que el desarrollo económico no vaya en detrimento del patrimonio natural.

 

¿Qué nos hace diferentes a otras profesiones?

El rasgo diferencial del biólogo en la gestión del territorio es la capacidad de interpretar la complejidad biológica. Donde otros ven un recurso hídrico, un terreno inundable o un paisaje, nosotros vemos una red trófica interconectada, un reservorio genético insustituible y un servicio ecosistémico de valor incalculable.

Los biólogos somos quienes garantizamos que las intervenciones humanas no rompan el equilibrio invisible que mantiene estas zonas como los sumideros de carbono más eficientes del planeta.

Somos los profesionales que aportamos el conocimiento y la base científica necesaria para que la gestión no sea sólo funcional o estética, sino realmente sostenible a largo plazo.

» Nuestra mirada no se queda en la superficie del agua; se adentra en los procesos que hacen que la vida sea posible en estos espacios .» – Gisela Loran.

 

Fotografías de la cabecera de diferentes humedales de Cataluña de la Gisela Loran.  Zonas húmedas del Río Ebro en Tivissa, zonas húmedas del río Ter Isla de Gambires y la playa de El Prat de Llobregat en el Delta del Llobregat.